¿Por qué todo lo que preparan en
el gourmet TV lo hacen ver tan fácil? ¡Y ni que decir de utilísima¡ en donde un
tal Aquiles hace todo taaan práctico y sencillo.
No… definitivamente no lo es, o
bueno, es queeee… quizá… fue una de las
habilidades con las que no me dotaron;
una más, que se suma a la lista de las ya conocidas; los dos pies
izquierdos al momento de bailar, que hacen que una botella de agua tenga más
sabor que yo; tocar la flauta al punto de hace maullar a los gatos y la descoordinación,
– Ivonne, a la izquierda, no no a tu otra izquierda – entre otras…
En fin, volvamos al tema
inicial, y es el hecho de ser totalmente
negada para la cocina, es algo que no me fluye en lo más mínimo, muy al
contrario de mi mamá y mi hermana, quienes
pueden ver hoooras enteras canales de cocina, identificar los
ingredientes y más aún reemplazarlos cuando lo que están cocinando no es de nuestro
país.
Y no crean que no le he
intentado, bueno de hecho mi mamá trato de inculcármelo de niña, en las
vacaciones nos repartía tareas del hogar entre mi hermana y yo, pero las canjeábamos tal que siembre
lograba escabullirme de la cocina, cocinar más exactamente, prefiero lavar la
loza de todo un batallón, que hacer un simple arroz.
Dentro de los fallidos intentos
cuento las papas piedra, si, aquellas que una vez servidas en el plato e
intentarlas partir se cerraban solas, en esa oportunidad mi abuelita, que en
paz descanse, salió en mi defensa, - es que son de corazón duro-, creo que en
lugar del cuchillo hubiese sido muy práctico una motosierra. En alguna otra ocasión, en ausencia de mi
señora madre, me delegaron la cocina un domingo, sin embargo, mi papá que
siempre ha sido de buen comer, al saber que la cena estaría a mi cargo, afirmó
– no mija, yo estoy como lleno todavía –, gracias pá, ante todo la diplomacia.
Y es que cocinar es todo un arte,
no sé cómo hacen para coordinar procesos en cuatro fogones diferentes, recordar
las recetas de memoria, no confundirse, y ¡encima todo hacer el jugo! Yo lo he
intentado, pero lo cierto es que a la hora de probar sabe algo un poco
diferente… nha la verdad sabe horrible.
Recuerdo una ocasión, en la que
fui literalmente obligada a cocinar; fue un desastre total, a pesar que
entregue mi sangre (me corte un dedo), sudor (mi ropa quedo entrapada) y
lágrimas (gracias a la cebolla) en tan famoso almuerzo. Resignada, al momento
de servir la mesa dije: - Al que no le
guste me avisa y le doy los 6.000 para el corrientazo - , nuevamente hicieron
un esfuerzo, y por decencia más que cualquier cosa, rebajaron lo salado de la
sopa con agua cristal, le aplicaron sal a las papas, y azúcar al jugo.
Recientemente volví a intentarlo;
en una olla las papas, en la sartén carne asada, en el otro el arroz, y por ultimo las lentejas, resultado; papas
ok, carne ok, arroz asustado, (arroz asustado, dícese de ese arroz que queda
perplejo en el fondo de la olla, que no crece y que si tuviese ojos sería algo
así),
Puesto que por estar pendiente de la papa olvide “revolverlo”,
pero las lentejas… las lentejas… las lentejas no deben llevar la misma cantidad
de sal que el arroz, porque no funciona igual, y sí que lo comprobé, ante la
horrible salmuera en que quedaron convertidas, no hubo más remedio que transformarlas
en crema, para lo cual litro y medio de agua fue necesario para que quedara
solo un poco pasada de sal.
Es por ello que cocino por física
y elemental necesidad, creo que por mi salud, es más aconsejable alimentarme
por cosas elaboradas por terceros que por mi propia mano, aunque, como
asalariado que se respete, corro el riesgo los finales de mes, cuando el
presupuesto ya anda escaso, bueno, es de
aclarar que es eventualmente, porque aún disfruto de los placeres culinarios de
mi mamá, quien mágicamente hace que todo sepa exquisito.
Es así, que dentro de mis
no-cualidades para conquistar, se ubica el no cocinar, así que aquel refrán que
dice que al hombre se conquista por el estómago, no aplica para mí, prefiero no
intentarlo, es probable que corra el riesgo de intoxicarlo. A veces, motivada
por una fuerza inexplicable, decido intentarlo de nuevo, y he logrado mejorar,
mas ahora cuando debo viajar y el sobrevivir a punta de comida chatarra se
vuelve hostigante, sin embargo mi menú
no es muy variado, a tal punto que todos en mi casa saben de qué me alimento,
mientras mi madre está ausente o regreso a casa; el plato típico de Ivonne se
compone de papa salada, arroz, pasta y carne asada, viene de repente a mi
memora la primera vez que hice carne asada, coloque el sartén con la llama en alto e introduje la carne en él, sin
saber cómo las llamas se apoderaron del sartén y paso a ser carne flameada, ante
la luz que expedía en la cocina mi papa corrió en mi auxilio quien apago el
fogón sin mayores consecuencias, bueno… no del todo, la tela protectora del
extractor de olores se incinero, quedando un mágico polvillo negro.
Pero todo no es tan malo, aún no
he llegado a los extremos de quemar ollas con agua hirviendo y pese a todo se hacer algo que me queda rico,
la Natilla, por ello en cada diciembre lo he tomado por costumbre, hacer este
único plato que veo que se comen con total agrado, sería ideal que hubiesen variaciones de este platillo, así
seguramente lograría tener mi propio programa en diaTV. Por ahora debo dejarlos,
el olor a quemado, acaba de recordarme que antes de sentarme a escribir estas
líneas había dejado un arroz puesto en el fogón, ya se imaginaran el resultado.
