miércoles, 14 de agosto de 2013

DEFINITIVAMENTE LO MÍO NO ES COCINAR


¿Por qué todo lo que preparan en el gourmet TV lo hacen ver tan fácil? ¡Y ni que decir de utilísima¡ en donde un tal Aquiles hace todo taaan práctico y sencillo.

No… definitivamente no lo es, o bueno, es queeee… quizá…  fue una de las habilidades con las que no me dotaron;  una más, que se suma a la lista de las ya conocidas; los dos pies izquierdos al momento de bailar, que hacen que una botella de agua tenga más sabor que yo; tocar la flauta al punto de hace maullar a los gatos y la descoordinación, – Ivonne, a la izquierda, no no a tu otra izquierda – entre otras…

En fin, volvamos al tema inicial,  y es el hecho de ser totalmente negada para la cocina, es algo que no me fluye en lo más mínimo, muy al contrario de mi mamá y mi hermana, quienes  pueden ver hoooras enteras canales de cocina, identificar los ingredientes y más aún reemplazarlos  cuando lo que están cocinando no es de nuestro país.

Y no crean que no le he intentado, bueno de hecho mi mamá trato de inculcármelo de niña, en las vacaciones nos repartía tareas del hogar entre mi hermana  y yo, pero las canjeábamos tal que siembre lograba escabullirme de la cocina, cocinar más exactamente, prefiero lavar la loza de todo un batallón, que hacer un simple arroz.

Dentro de los fallidos intentos cuento las papas piedra, si, aquellas que una vez servidas en el plato e intentarlas partir se cerraban solas, en esa oportunidad mi abuelita, que en paz descanse, salió en mi defensa, - es que son de corazón duro-, creo que en lugar del cuchillo hubiese sido muy práctico una motosierra.  En alguna otra ocasión, en ausencia de mi señora madre, me delegaron la cocina un domingo, sin embargo, mi papá que siempre ha sido de buen comer, al saber que la cena estaría a mi cargo, afirmó – no mija, yo estoy como lleno todavía –, gracias pá, ante todo la diplomacia.

Y es que cocinar es todo un arte, no sé cómo hacen para coordinar procesos en cuatro fogones diferentes, recordar las recetas de memoria, no confundirse, y ¡encima todo hacer el jugo! Yo lo he intentado, pero lo cierto es que a la hora de probar sabe algo un poco diferente… nha la verdad sabe horrible.

Recuerdo una ocasión, en la que fui literalmente obligada a cocinar; fue un desastre total, a pesar que entregue mi sangre (me corte un dedo), sudor (mi ropa quedo entrapada) y lágrimas (gracias a la cebolla) en tan famoso almuerzo. Resignada, al momento de servir  la mesa dije: - Al que no le guste me avisa y le doy los 6.000 para el corrientazo - , nuevamente hicieron un esfuerzo, y por decencia más que cualquier cosa, rebajaron lo salado de la sopa con agua cristal, le aplicaron sal a las papas, y azúcar al jugo.


Recientemente volví a intentarlo; en una olla las papas, en la sartén carne asada,  en el otro el arroz,  y por ultimo las lentejas, resultado; papas ok, carne ok, arroz asustado, (arroz asustado, dícese de ese arroz que queda perplejo en el fondo de la olla, que no crece y que si tuviese ojos sería algo así),
Puesto que por estar pendiente de la papa olvide “revolverlo”, pero las lentejas… las lentejas… las lentejas no deben llevar la misma cantidad de sal que el arroz, porque no funciona igual, y sí que lo comprobé, ante la horrible salmuera en que quedaron convertidas, no hubo más remedio que transformarlas en crema, para lo cual litro y medio de agua fue necesario para que quedara solo un poco pasada de sal.

Es por ello que cocino por física y elemental necesidad, creo que por mi salud, es más aconsejable alimentarme por cosas elaboradas por terceros que por mi propia mano, aunque, como asalariado que se respete, corro el riesgo los finales de mes, cuando el presupuesto ya anda escaso,  bueno, es de aclarar que es eventualmente, porque aún disfruto de los placeres culinarios de mi mamá, quien mágicamente hace que todo sepa exquisito.

Es así, que dentro de mis no-cualidades para conquistar, se ubica el no cocinar, así que aquel refrán que dice que al hombre se conquista por el estómago, no aplica para mí, prefiero no intentarlo, es probable que corra el riesgo de intoxicarlo. A veces, motivada por una fuerza inexplicable, decido intentarlo de nuevo, y he logrado mejorar, mas ahora cuando debo viajar y el sobrevivir a punta de comida chatarra se vuelve hostigante,  sin embargo mi menú no es muy variado, a tal punto que todos en mi casa saben de qué me alimento, mientras mi madre está ausente o regreso a casa; el plato típico de Ivonne se compone de papa salada, arroz, pasta y carne asada, viene de repente a mi memora la primera vez que hice carne asada, coloque el sartén con  la llama en alto e introduje la carne en él, sin saber cómo las llamas se apoderaron del sartén y paso a ser carne flameada, ante la luz que expedía en la cocina mi papa corrió en mi auxilio quien apago el fogón sin mayores consecuencias, bueno… no del todo, la tela protectora del extractor de olores se incinero, quedando un mágico polvillo negro.


Pero todo no es tan malo, aún no he llegado a los extremos de quemar ollas con agua hirviendo  y pese a todo se hacer algo que me queda rico, la Natilla, por ello en cada diciembre lo he tomado por costumbre, hacer este único plato que veo que se comen con total agrado, sería ideal que  hubiesen variaciones de este platillo, así seguramente lograría tener mi propio programa en diaTV. Por ahora debo dejarlos, el olor a quemado, acaba de recordarme que antes de sentarme a escribir estas líneas había dejado un arroz puesto en el fogón, ya se imaginaran el resultado.

martes, 29 de enero de 2013

Mis chocoaventuras en el Bus urbano



"Es absurdo que deba salir a las Seis y Treinta para tomar un bus que solo pasa hasta las Siete y Treinta", pensaba mientras veía correr mi reloj sin señas de la 402 Lijaca, que me dejaría a dos cuadras (medida bogotana, es decir Laaaaarrrgassss), de la oficina.

Teniendo en cuenta la hora, no había más que tomar un taxi con el único referente que me dejara cerca de un centro comercial y de ahí caminar las dos cuadras que igual tendría que hacerlo si fuera en bus, gracias a mi negada facultad de orientarme por direcciones sino a punta de locales y lugares.

Sin embargo, lo que consideré un hecho poco probable se convirtió en realidad, el famoso bus, que estaba por determinar cómo fantasma apareció y se estacionó en frente mío, acto seguido las personas que estaban a mi alrededor se agolparon en la puerta con la firme decisión de subirse a él, sin importar que hubiese que pisar o empujar. 

Así fue como inicio mi chocoaventura del día  en una ciudad casi desconocida, lejos de mi hermoso llano, las cortas distancias y en especial de mi amenaza roja

Siguiendo el ejemplo de mis congéneres me arme de valor y me hice subir a la fuerza al bus, después de esperarlo por más de una hora, no me perdonaría a mí misma dejarlo pasar, finalmente esta vez no había mamá que me llevara al colegio (aquella época en la que habitaba por esta ciudad), ni primos o hermana que me trasladara.

Una vez en el bus, la esperanza de tomar asiento fue nula, los asientos estaban ocupados con múltiples rostros con miles expresiones. Sueño, pensamientos, dolor, mal genio, o simplemente como la chica de cabello extra largo desconectada del mundo hasta que llegará al lugar de su parada, señores de trajes, chicas con medias veladas, y peinados perfectos, que en mi ciudad seria común verlos en carros ultimo modelos, aquí comparten asiento con el obrero, el ama de casa y el portero.

Mi estatura me hace casi perdidiza en el tumulto de gente que se incrementa en cada estación, todos con la misma esperanza de subirse en ese bus, que pareciera, hacernos un favor por transportarnos  así sea encima del capó en lugar de prestarnos un servicio público, a duras penas alcanzo a tocar la barra de arriba, ya que las manos se aferran a los bordes de las sillas negándome esa oportunidad  Silenciosamente pasamos de mano en mano el pasaje de alguien que ha corrido la suerte de subirse "por la puerta de atrás  y honradamente lo cancela, otro, más consciente que técnicamente no disfrutará del servicio completo solo envía un billete de mil.

Finalmente, una mano bondadosa se condolida de mí y me ofrece llevar mi maleta, que, desde tiempos inmemorables ha pesado una infinidad así la lleve desocupada o cambie de diseño, probablemente porque  en ella siempre se cuelan mis sueños. Al llegar a CAFAM de la floresta aborto la idea de tomar asiento y con el bus un poco más ligero, logro acomodarme mejor, y resignada he decidido disfrutarme el viaje.

Ya se acerca mi destino y previendo que no me pase aquello que la parada la hacen 20 cuadras después  me acerco a la puerta, timbro y el hecho que otros pasajeros estén en el paradero para subir, asegura que esto no ocurra.

Desciendo y mientras camino las dos cuadras, observo la estación de transmilenio y pienso que no me fue tan mal, teniendo en cuenta las historias que me han contado, envidio a la señorita Claudia quien tiene la fortuna de tener un servicio casi puerta a puerta y poder ir siempre sentada.

Respiro profundamente y me concientizo, serán solo por unos pocos días, solo aquellos en los que el pico y placa del carro de mi hermana no permita dejarme en la oficina, luego retornare a mi pequeña ciudad, donde un trayecto de 40 Minutos puede resultar exageradamente largo, donde llegar a mi trabajo me toma 8 Minutos, y donde mi amenaza roja y yo nos hemos acostumbrado a convivir.

Un poco nostálgica....

Ivonne Martínez