viernes, 2 de noviembre de 2012

Mi mamá y Sus lecciones sobre atención al Cliente....


Habitualmente, por mi profesión es común que mis apreciaciones las haga a nivel empresa, desde la perspectiva de quien provee más no de quien hace uso del servicio o consume el producto. Sin embargo, en esta oportunidad, plasmaré mis líneas desde la apreciación de mi señora madre, quien sí sabe perfectamente para que son las líneas de atención al usuario en especial el área PQR.

Frecuentemente notamos cambios en los productos que generalmente consumimos; forma, tamaño, sabor, olor, presentación, cantidad, etc. Miles de atributos con los cuales las empresas pretenden atraen más consumidores, ajustar costos (eso de "cambiamos de presentación"  por lo general es para reducir la cantidad), o simplemente innovar. Sin embargo  muchos de esos cambios pueden ser que no nos agrade, como tampoco nos agrada que los productos salgan descompuestos o defectuosos. Sin embargo pocas son las veces que realmente hacemos uso de los canales de comunicación establecidos para ese fin, por lo general nos limitamos a hacerlo cuando son cosas que a nuestro concepto "realmente vale la pena", como el televisor de 40" LCD 3D, la Tablet, la Nevera Nofrost, etc., pero a raíz de la experiencia recabada a través de mi mamá me atrevo a decir, que hasta por un paquete de papas, se justifica.

Normalmente nuestro malestar sobre el producto se extiende por mucho a la vecina del sector, el señor del taxi o con la familia, lo que origina un efecto cadena  iniciado por el "imagínese que una vecina", "una señora la otra vez me contó que", los cuales en ocasiones pueden hacer que por mucho se deje de comprar el producto, pero no hay una retroalimentación con el proveedor el cual le permita mejorar la calidad, sea del servicio, del producto o ambos.

Particularmente mi mamá y yo, somos de las que esperamos una atención adecuada al momento de efectuar las compras, no conozco el primer masoquista que le agrade y continúe asistiendo a un lugar donde no le prestan buena atención.  Sin embargo, en lugares como las EPS, nos hemos resignado a recibir una atención precaria liderara por un grupo de personas que se sienten amos y señores del servicio, pero que han olvidado que NOSOTROS, somos sus clientes y su razón de ser, solo por el hecho que estas personas tienen el "poder" de autorizar un servicio o procedimiento.

Esta situación se ha convertido en una constante en un gran porcentaje de las EPS, y nosotros, los usuarios, nos hemos resignado a creer que no hay lugar a cambio; pero cuan lejos estamos de la realidad, he aquí al comienzo de las chocoaventuras de mi mamá.

Solía sucedernos que en el área de autorizaciones medicas, de mi EPS, permanecían 3 Señoritas con cara de revolver calibre 38 atendiendo a un millar de personas que todos los días deben autorizar todo lo que por protocolo debe pasar por allí, eso es otra cosa que me parece sumamente ineficiente, debería existir un mecanismo que facilitara esta actividad, puesto que se pierden HORAS, si HORAS en estos lugares, para que en ocasiones le respondan, "el medico no le escribió el gramaje, dígale que le actualice eso", es por ello que muchas personas prefieren comprar los medicamentos en lugar de someterse a tan largas esperas. Bueno aquí debo reconocer que al menos mi EPS tiene salas de espera medianamente adecuadas.

Retomando el tema, estas señoritas atendían de una forma parca y mal humorada, haciendo que la experiencia fuera bastante desagradable. Un día, sin embargo mi mamá no tolero esta situación, así tomo su teléfono y realizó la respectiva llamada a  la línea de atención del usuario, en donde relató el reiterativo mal  trato recibido por dichas funcionaras, desde entonces la llaman por su nombre y así sea por hipocresía le sonríen. Punto para mi mamá.

En alguna otra ocasión, estábamos de compras, y entre la lista habitual de mercado, no puede faltar  la avena alpina, dado su alto nivel nutricional (publicidad no paga), en esta oportunidad, debo reconocer que de manera desprevenida, y solo fijándome en la fecha de caducidad tome dos bolsas six pack de este producto. 

Cuando llegamos a la casa, notamos que una de las bolsas contenía una avena que parecía un globito, como esos que daban en algún tiempo en forma de llavero, al destaparla en efecto el aroma y el sabor eran totalmente desagradable a pesar que el tiempo de vencimiento era más de un mes, envalentonadas por el resultado de nuestra queja en la EPS llamamos a la línea de atención al cliente. Lamentablemente era día domingo y solo una contestadora nos atendió respondiéndonos que dejáramos los datos y que en la brevedad posible seria atendida nuestro inconveniente.

Como típicos colombianos, dimos el caso por cerrado, y botamos el producto. Sin embargo al día siguiente muy a las nueve de la mañana una señorita muy amable se comunicó a mi casa solicitando información sobre lo acontecido, ante el relato le indico a mi mamá que no consumiera más de esa bolsa, pero que consumiera tranquilamente de la otra. Sin embargo al hacerlo, y servir el producto para dárselo a mi sobrino, el niño lo rechazó haciendo un gesto de desagrado. Al probar el contenido, en efecto también estaba descompuesto. Aún más indignada se comunicó nuevamente con la línea de atención al usuario, quienes procedieron a indicarle que llevara al niño al centro especialista más cercano, que todos los gastos corrían por cuenta de alpina. Afortunadamente el niño no presento ninguna reacción y no paso de ser más que un mal sabor en su boca.  Sin embargo al día siguiente a las 7 am, un funcionario de alpina plenamente identificado hizo presencia en mi casa, solicitando el producto descompuesto y remplazándolo  por bolsas provenientes de un nuevo lote.

Así fue que durante los siguientes 15 días, todos los días la amable señorita llamaba a preguntar por la salud de mi sobrino, al mismo tiempo que informaba sobre proceso que seguía el producto que habíamos entregado. En efecto fue un lote completo el que presentaba esta situación, no fue mal manejo, ni del almacén de cadena donde se adquirió, ni del usuario final.

Una ultima historia revalida mi teoría de, "¡No se quede callado, denuncie!". 

Sucedió no hace más de unas semanas. Estaba en el intermedio de mi clase de especialización cuando decidí comprarme un PAQUETÓN, de papas de pollo, al destaparlo, encontré en su interior metalizado, bastante aire y 10 pinches papitas, recordé entonces a nuestro amigo Jack's, y la época en que no venían en empaque metalizado, pero el contenido era mayor. Ahh tiempos aquellos.
  

Misma situación se presentó con Rizadas, en el cual además de venir solo 12 papitas, la mayoría venían quemadas, indignada manifesté la situación por Twitter, sin obtener respuesta alguna. (Bueno finalmente no era el canal, ni la manera adecuada)
Decepcionada lo comente con la única persona que siempre, sin importar lo que suceda o acontezca  me presta atención, mi mamá. Tiempo después, ella misma fue victima del engaño del PAQUETÓN, pero al contrario de mi, busco la línea de atención al usuario, se comunicó, afirmándole a la amable señorita del engaño al que nos han sometido FritoLay, y que muy seguramente se quejaría ante la súper intendencia de industria y comercio, por que no era posible que cada rodaja de papa tuviese un costo de 120 pesos. La señorita al otro lado de la línea, prontamente procedió a decir que esta situación se debía a lote, mas no era  una característica habitual del producto, le pidió que le indicara el numero del lote y que guardara el empaque que pronto irían por el, para evaluar el porqué de esta situación. 

Esta semana, nos encontrábamos tranquilamente en nuestra casa cuando un funcionario de Saferbo  llego preguntando por mi mamá con una pequeña caja, cuyo remitente era precisamente esta compañía, en su interior, una muestra de todos los productos, De todito, Chokis, Gudis, palitos, etc. y en efecto se llevo el famoso empaque del lote defectuoso.

Si, muchos estarán pensado que en efecto salimos ganando y desde luego no me quejo. Sin embargo, a pesar de recibir la total prohibición de contar esta historia, de quien es la protagonista, me parece un acto egoísta no compartir con ustedes estas "chocoaventuras", que nos demuestran que los cambios son posibles.

¿Imaginan entonces si todos nosotros llamáramos a quejarnos sobre el Paquetón?, ya no seria tan rentable que enviaran estas pequeñas anchetas a los usuarios, sino que en efecto tomarían acciones correctivas que revivieran las épocas aquellas de nuestro amigo Jack, y no solo en este aspecto, sino en cada una de las situaciones en las que no nos sintamos satisfechos, por que hay algo que esta claro y es que "una sola golondrina no hace llover", pero si somos miles y miles podemos hacer posible que las cosas cambien para nuestro bien. 

Bajo ninguna circunstancia podemos permitir que por más grande que sea la multinacional, olvide el principio básico que el cliente SIEMPRE, tiene la razón, por el simple hecho que somos su razón de ser. Los invito entonces, con argumentos, con hechos reales, a que hagamos uso de estos medios, es probable que no en todas las circunstancias recibamos la respuesta esperada, pero, algo es claro, las acciones individuales pueden causar resultados globales. 

Les comparto este último artículo que comprueba mi teoría. http://goo.gl/1vTU7

 Con un fraternal abrazo me despido, hasta una próxima oportunidad.

Ivonne M.

lunes, 9 de julio de 2012

LOS TREINTA… EL ETERNO TABÚ



Hace poco, en la víspera de mi vigésimo sexto cumpleaños, una de mis siempre oportunas vecinas me preguntó, ¿y el matri para cuando?, sorprendida le respondí, - Noo, si yo estoy en la flor de mi juventud, y sonreí. Sin embargo ella reitero diciendo, pero ya tienes veintiséis, fue entonces cuando comprendí el trasfondo de la pregunta. En realidad el fin de aquella conversación era alertarme sobre la cercanía con la temerosa barrera 30.

La barrera de los 30, es una particular tradición, la cual cita que la mujer debe procurar “conseguir marido y organizarse” antes de cumplir tan aterradora edad, desde luego que ahora comprendía la preocupación de mi vecina, cuatro años es poco tiempo para terminar de cumplir mis planes como soltera y encontrar el afortunado (¿afortunado?)  hombre que me acompañara el resto de mi vida.

Aquella preocupación no había sido contemplada hasta entonces. Me detuve a pensar en el porqué de aquella tradición, concebida desde tiempos inmemorables, y actualizada, décadas atrás.  Sin profundizar en mis investigaciones y basándome en los conocimientos de historia recibidos por mis maestros, es evidente que el papel de la mujer ha tenido un cambio drástico. Arboles genealógicos iniciaban con bodas a los escasos 18 años, e inclusive menos, con numerosos hijos de los cuales había que estar pendiente, sea este el momento oportuno para reconocer el arduo trabajo de aquellas abuelas y bisabuelas; yo tengo un único sobrino que por si solo me saca canas verdes, no imagino como debería ser la responsabilidad de tener a cargo la crianza de aquellas numerosas familias.

Sin embargo, años más adelante, la mujer pudo participar de la educación formal, tal como lo hacían los hombres, llegando inclusive a ser profesionales. Pero aun así, seguía la tradición que una vez celebrada las nupcias (o cualquier otra forma de formalización de hogar), la mujer tomara la batuta de las labores hogareñas mientras el hombre lidiaba con el tema de conseguir los recursos económicos (en la mayoría de los casos).

Pero, en el interior de esos hogares se formó un nuevo grupo de mujeres que vendrían a tratar de cambiar esa historia. Así como Andrés López cita la generación de la Guayaba como esa generación que se sacrifico por el cambio, creo que esta sucediendo algo similar con nosotras. Nos encontramos en un punto  intermedio donde se nos ha inculcado un interés por la formación académica y productiva  - por que mija, usted debe aprender a defenderse sola-, en ocasiones las importantes lecciones de como ser una buena ama de casa, aprender el importante arte de cocinar, planchar, hacer la cama adecuadamente,  han tenido que se acortadas, para que podamos cumplir con nuestros deberes académicos y laborales; todo por demostrar que ser mujeres no demerita la calidad de nuestro trabajo, aquí me permito de nuevo hacer un alto,  ponerme de pie y aplaudir a aquellas mujeres que se forjan caminos en los terrenos de hombres. Soy fiel testigo de uno de ellos, muchos de los docentes de mi hermana le sugirieron retirar sus aspiraciones de ser ingeniera, solo porque según ellos  “esa no era carrera de mujeres”, sin embargo, no desalentó y está próxima a hacer su sueño realidad.

Las exigencias de nuestro entorno nos han obligado a establecer y priorizar otras metas, por encima del matrimonio mismo, si nos matamos el lomo estudiando o trabajando-estudiando, merecemos darnos esas palmaditas en la espalda que nos llenen de animo, es así que además de formar nuestro dote, de lo cual nuestros padres deberían estar orgullosos; ya no tiene que preocuparse por canjear los marranos o las vacas por la hija, puesto que esta hija puede venir con casa, apartamento y carro, también nos esmeramos por viajar, conocer y comprar las cosas que queremos.

Ante esta serie de eventos, ¿consideran posible lograrlos antes de los 30?, difícilmente, en mi caso particular reducir el cumplimiento de mis metas en un tiempo máximo de 4 años, es una misión imposible. Y aquí quiero ser clara, muchos dirán pero es que eso es algo que se puede hacer con la pareja, casarse no es una limitante, a lo que respondo, bien me alegro por aquellos que lo han logrado y desde lo profundo de mi corazón les deseo que sea una constante en sus vidas.

Sin embargo, en un alto porcentaje la realidad es otra, casarse, arrejuntarse, u otra modalidad que conlleve a habitar el mismo techo con la pareja, implica cambios trascendentales en nuestras vidas, en muchos casos es el cese del hotel mamá y el primer choque con la pareja, por un lado ellos, aun siguen acostumbrados al perfil de esposaquehacetodo, mientras nosotras esperamos el maridoqueayudepormitad. Señores, lamento decepcionarlos, los quiebres perfectos en las camisas, el sazón de unos frijoles los miércoles,  no hacen parte de nuestras habilidades o ventajas competitivas, a nosotras nos enviaron con los conocimientos básicos o manual de supervivencia, no esperen encontrar el clon de sus queridas madres, si no pasaba antes, ahora es casi que una utopía.  Sin contar el hecho que muchos hombres quieren pan y pedazo debajo del brazo, el ama de casa perfecta con el bonus de un cheque mensual, ahh que dijeron lotería, pues no, la mayoría de nosotras esperamos una colaboración en cuanto a las obligaciones del hogar (y no solo es levantar los pies cuando barremos), recuerden que en hotel mamá nos hacían todo, como para querer llevar a cuestas solas, la responsabilidad del hogar. 

Otra vena sensible,  es el tema financiero, obvio que uno no pide un estado de resultados de la pareja (aunque después de todo no es mala idea), pero un conyugue endeudado puede ser un mal negocio. Así como se comparte amor, el casarse obliga a compartir este tipo de responsabilidades, que en algunos casos nos pueden dejar con saldo rojo. Así que para ello es mejor contar con un buen colchón para amortiguar esas fugas no previstas de dinero.

Aun con todo ello, a todas nos llega el momento de establecernos, organizarnos y formar el hermoso hogar que tuvieron nuestras abuelas a los dieciocho y nuestras madres pasados los veinte, pero que, con plena certeza sé que no sucederá antes de los Treinta. Así que, querido lector, lo invito a que en una próxima conversación con una mujer cercana o pasado los treinta, se evite y nos evite el incomodo momento que precede a la molesta pregunta (por que en realidad lo es) de: ¿y eso por que no te has casado? Realmente afánense cuando tengamos 60 años, y aun así considero que no es tarde para empezar a amar, por favor olviden esa absurda creencia que, tal como cita la canción de Shakira, “las mujeres se casan siempre antes de 30 sino vestirán santos aunque así no lo quieran”.  Creo que cada una de nosotras lo haremos cuando llegue el momento y mas importante aún, el hombre oportuno.

lunes, 23 de enero de 2012

RANGER, LA AMENAZA ROJA

Durante estos años he tenido relaciones inolvidables, aquellas que se quedan en el corazón y en los gratos recuerdos, otras, clasificadas como insoportables y complicadas, sin embargo la que hasta ahora se lleva el premio sin dudar, fue la que inicié con una Akt 125 Roja, de placas OKP 46 A, más conocida como Ranger “La Amenaza Roja”.

Todo inicio un Diciembre de 2009, cuando meditaba sobre varios aspectos relacionado con las motos de mis compañeros; la manera de conducir de cada uno de ellos, el ejercicio que me ahorraría si contara con una y la más importante, no tener que deber el favor cuando amable o forzadamente me llevaban a algún lugar. Sin embargo estaba el paradigma de casi 20 años donde siempre me había dicho a mi misma lo peligrosas que eran las motos, lo mucho que se exponía quien las manejaba y que nunca tendría una. (El primer al pin pause de esta historia, este aspecto me enseño lo importante de las programaciones mentales, hay que tener mucho cuidado con ello, puede pasarte factura más adelante si lo usas de forma negativa).

Inclusive para mí fue una sorpresa cuando decidí hacerlo, tome parte de mis ahorros y sin mucha experiencia en cuanto a maquinas ni sistemas de financiación elegí una con la que me sintiera cómoda, para conducir y desde luego pagar.

Recuerdo el primer día que la vi, fue un 13 de marzo, estaba allí en el concesionario, toda roja reluciente y aunque no me desagradaba; por pasión, vocación y tradición, el azul ha sido por décadas mi color preferido, y aunque no muy contenta con la idea, tuve que conformarme con ese tono. Ahora que escribo estas líneas pienso que quizá ella supo esto, haciendo aún mas difícil compaginar; además, agreguen el hecho que su primera vez (de ser conducida en la calle) no fue con migo. Debo confesarlo, hago parte de la larga lista de conductores formados en la calle, a quienes en un acto de irresponsabilidad les entregaron licencia de conducción sin ni siquiera saber cómo se encendía.

Así que una vez en su nuevo hogar, y como todo juguetico nuevo, había que estrenarlo. Yo pensaba que eso era soplar y hacer botellas, sabia montar bicicleta y había hecho mis pinitos en la automática de mi hermana, pero la vida me tenía preparada una lección sobre la paciencia y aprender a dejar mi afán por la inmediatez.

Mi larga lista de profesores inician con Julián y Andrés, mis vecinos policías, quienes me enseñaron lo básico, en simultanea, que encienda, que luces, que el cambio, que acelere, ahh no olvide la pata, apenas si asimilaba el tema del cambio cuando tenía que estar pendiente de todo lo demás. TODO AL MISMO TIEMPO!

Así fue que en mi primer intento di una vuelta al parque y luego directo al garaje de mi vecina, que sucedió?, el pequeño detalle de olvidar que el freno estaba abajo en el pie derecho e intentar estabilizar la moto al mismo tiempo. Resultado de la operación; un pequeño rayón y un gran negro en la pierna. Desde ese día, jamás se me ha vuelto a olvidar donde queda el freno, pero por un tiempo adquirí un tic que consistía en levantar la mano del acelerador al frenar, causando la impresión que pedía la palabra en cada esquina en que frenaba.

Un segundo intento tuvo como protagonista a una amiga, según su teoría de conducción, la mejor manera de aprender era con pato abordo, este daba estabilidad y estaría presto a atender ante cualquier emergencia. Así fue, que con un peso adicional, reiniciamos las clases, íbamos bien, hasta cuando nos adentramos a las profundidades de unas cuadras mas allá de mi barrio, y al salir a la paralela, solo vi los huecos y la arena que me esperaban, fue entonces cuando el pánico se apodero de mi por lo que me había ocurrido días atrás, solté el manubrio, recuerdo haber dicho – ¡no se qué hacer! , no sé que ha…., para, segundos más tarde, terminar encima de un pastal, que para mi fortuna media más de 40 cm, viendo como la moto seguía sin nosotras; con una sandalia de mi amiga extraviada y mas adolorido que el ego que mi pie, estábamos allí, las dos tendidas en el suelo, me levante, y tanto a amiga como moto, las deje botadas. Mi cuerpo alérgico a esa pelusita, se broto, mientras mi rodilla empezó a sangrar. Ivonne 0 – Akt 2.

El tercer intento ocurrió en un bello día soleado, en el que mis padres, cual niña en bicicleta me sacaron al parque a dar una vuelta, así que empecé primero alrededor, de nuevo más lejos, un poco más lejos y aun mas lejos. Súper! Empezaba a tener dominio y estabilidad aunque aún el cambio no lo dominaba. Hasta cuando el policía acostado apareció, recordándome que no había subido la pata de la moto, cuando intenté frenar lo que logre fue acelerar, así que me choqué con el frente de la casa de otra vecina y en mi afán por estabilizarla solo lograba chocarla una y otra y otra vez, mientras en la sala, ella y sus hijos me miraban aterrados. Lo demás hasta el día de hoy no lo recuerdo, no supe si fui yo, o el esposo quien en un valiente acto de protección a su familia, apago la moto. Cuando recobre el sentido estaba ya en la calle, encima de la moto, y el señor preguntándome si estaba bien, si claro, por supuesto yo estaba bien, ¡Bien asustada!, una vez evaluado los daños del inmueble que consistieron en un leve golpe a una pared, me marche apenada y con la dolorosa decisión de dejar el deporte de alto riegos por un tiempo. Ah! Por cierto, días después mis vecinos rodearon el frente de su casa con rejas.

Lo que en un principio era divertido se volvió una gran infortunio, si el tema de no poder conducir era un problema, se le sumo el hecho de recibir la total y absoluta desaprobación por haber comprado la moto, de quien por años he considerado un gurú, las instrucciones que emanan de ella son indiscutibles, salvo que tenga buenos argumentos para debatir, y en este caso estaba totalmente desarmada, más que una decisión racional lo hacía ver como el capricho de una niña que se había dejado llevar por la opinión de los demás. Fue más fácil aceptar lo que me decía que contrariarla.

Desde entonces le tome total apatía a la moto, ni si quiera quise volver a intentarlo, por cuatro largos meses, se convirtió en el monumento a la frustración, podría decir que llegue a odiarla, era más cómodo culpar a la maquina, que reconocer que me había acobardado por los percances y prejuicios acontecidos.

Sin embargo, un día, como buena administradora, sentada en la sala de mi casa y admirando mi monumento, sabía que no era una inversión que podía continuar quedándose allí, tenia que sacarle provecho, así no la manejara yo misma. Convirtiéndome entonces en una “motociclista inválida”, por así decirlo, tenía moto, tenía licencia, pero de nada me servía. Varios intentaron paladear mi invalidez, pero desistían al poco tiempo, horarios, distancias, en fin.

Otro día me las di de héroe, al traer mi moto de regreso de una finca a donde habíamos ido a pasar el día, llevarla fue fácil, Arturo amablemente se ofreció, pero el retorno implicó cual escolta de alta seguridad presidencial, una caravana que iniciaba con el carro de Juan Diego y Moni Adelante, luego yo, finalizando con Carlos y el Carro de mi jefe, creo que ese día alcanzamos los 40 km/h. Inclusive para mi era lento. Ahh sin olvidar a Diana B, que sin pase, se arriesgo a sacarla hasta la pavimentada, los caminos en piedra no eran mi fuerte.

Aquí es cuando entra en juego dos factores, por un lado la frase de –nena ¿y cómo vas con la moto? , - Súper! Ya me defiendo, (si claro, era más fácil mentir, que reconocerle a alguien que siempre le he tenido celo profesional que algo me había quedado grande), y Mónica Arismendi, quien aplicando la misma psicología que suelo usar, me regañaba todos los días y cuantas veces podía por tener la moto estancada, perdiendo tiempo y dinero.

Una vez más me arme de valor y decidí iniciar de nuevo, para esta ocasión Carlos Lopera habría de intervenir para convertirse en uno de mis angelitos de la guarda en la vía. El acuerdo consistía en que todos los días iba a recogerme a la casa, (aunque varias veces llego tarde, terminando por ser, solo, algunos días), y abrirme paso, luego cambio la modalidad, al darse cuenta que llegaba solo, dejándome muchos metros atrás paralizada de miedo. Sin embargo la segunda táctica le valió mas de un Madrazo, para poder pasar de un lado al otro de la calle él se hacía metros atrás cerrando el paso a los carros, para que tortugin la viera despejada y pudiera pasar, esos primeros días fueron terribles, odiaba los semáforos en rojo y los letreros de pare, ello implicaba frenar y volver a arrancar, cuando ocurría, mis piernas literalmente se ponían de gelatina, un día, cuando una buseta me cerro, pensé que me desmayaba.

Si bien Carlos me recogía en la mañana, Mónica me acompañaba en la noche, todos los días (bueno cuando llevaba la moto), desviaba su camino para acompañarme, recuerdo un día en que cambie de ruta al no poder hacer un cruce, y ella quien se había quedado cuadras atrás no lo supo, fue así que llegó a mi casa y al no encontrarme recorrió una y otra vez el camino de regreso, sin aparecer y con el agravante que mi el celular estaba sin batería. Si tenía alguna lombriz ese día se las maté. Aunque supo cobrármelas, a los pocos días luego de dejarme en mi casa, y por imprudencia de un taxi, se estrelló, y aunque no le causo mayor daño a ella, que una pierna y rodilla lastimada, a la moto si, luego de superar ese impase no fui capaz de pedirle de nuevo que me acompañara.

Así que usar la moto se redujo a los días en que amanecía con ánimo, pero si al finalizar la jornada no quería conducir la dejaba en el parqueadero y viceversa, puesto que siempre había una buena excusa, lluvia, trasteo, ya era muy tarde, en fin. Alcanzo periodos de 15 días, inclusive llegaron a enviarme un correo con una imagen de mi moto, diciéndome que si iba a volver por ella.

Luego de quedarme sin mi angelito de la guarda nocturno, tuve que aprender a defenderme sola, sin que los demás lo supiera, es por ello que cada vez que podían me convertían en el “encarte” del motociclista de turno, debo reconocerlo, nadie llego a comprenderme tanto como Mónica y fueron varios los que tuvieron la obligación, (porque era orden de mi jefe), de llevarme hasta mi casa. El día que le toco a Cristian Camilo fue el más estresante para mi, por ir tan cerca uno del otro, lo único que veía por el retrovisor era la luz de su moto, cegándome, haciendo la tarea de conducir un tris más compleja de lo que era.

Inclusive un día, en el que mi amiguito salvavidas, llego por accidente a la oficina, le tocó el turno de – acompañe a Ivonne hasta la casa- , sin contar con los planes que el tenía, los cuales no me incluían, ni a la amenaza roja, así que la fácil fue, - Ven guárdala que yo te llevo - , en otro momento habría dicho listo, pero en ese instante la superniña había salido a flote, y ya no necesitaba que me acompañaran, así que le dije no te preocupes, yo me defiendo sola, - seguro – sip-, el se fue y yo inicie mi rutina, encender, luces, chaleco, y al dar la vuelta en la esquina estaba esperándome, no se cual era su intención pero lo que hizo fue cerrarme, indignada, con la respiración alterada, frene y le mire, - señor! - , - No, ven en serio guárdala y yo te llevo, no puedes irte sola - , QUE NO PUEDO IRME SOLA!!!!, QUE NO PUEDO IRME SOLA!!! QUIEN ERA EL PARA DECIRLO, y en lugar de cortésmente aclararle que si podía, - terminé en plena calle gritándole – QUE YO ME DEFIENDO SOLA!!!!!!!!!!!!!!-, me miró y me dijo listo, me llama cuando llegue?, yo estaba apenada, pero más aun alterada, y le dije LISTO!! Y arranqué. Cuando llegue a la casa sabía el error que había cometido, pero para eso de las disculpas nunca he sido buena y aunque lo intenté no me salió bien y terminé fue regañándolo, porque no espero a que lo llamara sino que me llamo, (buena campeona!), afortunadamente él ha sido un sol o tiene memoria de pollo, pero el incidente no paso a mayores, dos días después habría de demostrarme que en efecto aun no podía sola, la moto molestó y tuve que llamarlo a pedir auxilio.

Una vez más la moto al garaje, la excusa ya no era que no sabía conducir, sino que la moto estaba dañada. (Aunque yo sabía que la verdad era otra). Hasta que un día, cuando cumplió su primer año con tan solo 1.000 km y el pago del seguro encima, de nuevo el administrador salió a flote, y la relación costo beneficio salió espantosamente mal, así que, a buscar soluciones. Rumbo al mecánico, me dolería aun más el hecho que el arreglo saliera tan solo por $10.000, la famosa varada resulto ser solo mugre en el carburador.

De aquí en adelante las chocoaventuras en ella han sido muchas y variadas, recuerdo una con Carlos León (sip mi amiguito salvavidas), intentando pasar la avenida Puerto López de un lado para el otro, lo que hoy es para mi un evento diario, ese dia fue el caos, recuerdan que Lopera siempre era quien me abria paso?, en ese instante resultaba un poco complejo explicarle a Carlos que debía dejarme ir adelante y abrise paso por entre los carros para que yo pudiera pasar, asi que haciéndome la valiente, deje que el pasara primero, cuando yo fui a hacerlo las piernas se me congelaron y veía como miles de automóviles, busetas, camiones y hasta zorras pasaban. Al otro lado, el me miraba con cara de – bueno hasta que horas-, yo estaba presa del pánico, haciendo que el terminara regresando a mi lado, - ¿Qué paso? – Nada – Entonces? – Estoy esperando a que no pasen carros (bueno en realidad me refería a que se disminuyera la afluencia de los mismos) – Ivonne, LOS CARROS NUNCA VAN A DEJAR DE PASAR, HÁGALE POR EL LADITO! – Duramos casi 15 Minutos esperando, y juro haber visto en sus ojos esa intención de echarse la moto al hombro y a mi debajo del brazo y pasarnos al otro lado.

Tambien me ha tocado mas de un episodio, con el tema de “meter” y “sacar” cambios, bajo el precepto de “eso no se afane que la moto avisa”, hasta ahora no he visto el primer letrero, pero es cierto, LA MOTO AVISA!; el aprender a guardar la moto sin tener que abrir las dos puertas del garaje; olvidar el complejo de tractomula; la caída en plena subida, regresando cuesta abajo; Conseguir un pato con alma de conejillo y no estrellarme en el intento; el señor que me grito, esta borracha! – no señor, es que estoy aprendiendo -; la apagada en plena mitad de la calle; la cerrada por los buseteros y el cerrar nada más y nada menos que una patrulla, lo juro, fue sin intención, menos mal el policía así lo entendió y solo me miro con cara de entiéndala, es mujer, ah! la más reciente fue la semana pasada, mi jefe la golpeo con su carro, afortunadamente no le paso nada.

Hoy en día, creo que ella y yo hemos superado nuestras diferencias, y nos hemos acostumbrado a vivir una con la otra, tanto que ya nos hacemos falta. Convirtiéndose en un vivo ejemplo, de, como lo dice el comercial, las mejores cosas de la vida, toman tiempo, no todo sucede de un momento para otro, ni necesariamente a la primera van a salir bien. A mi literalmente me costó lagrimas, sudor, sangre y morados aprenderlo, y aun me atrevo a decir que estoy en ese proceso. No podemos creer que por que seamos buenos en algo lo tengamos que ser en todo. Por ahora, es hora de terminar, sin embargo estaremos prestos a seguir reportando más chocoaventuras.

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Ivonne

martes, 10 de enero de 2012

LO RECONOZCO TENGO UN TRAUMA CON LA PALABRA NENA…

Sin miedo a equivocarme, me atrevería a decir que el 90% de los seres humanos lleva consigo algún trauma de infancia, en un alto porcentaje se deben a animales, tales como perros, gatos, loros e inclusive tortugas, con los que se tuvo un encuentro o una relación no muy agradable.

Existe otro grupo, a quienes un aroma, o lugar les hace recordar un momento determinado que preferirían olvidar. En mi caso, mi trauma de infancia está relacionado con el uso de un término – NENA - . Si, así como es probable que usted no tolere estar cerca de un gato o un perro, cada vez que escucho la palabra NENA, refiriéndose a mí, se activa un corrientazo que transita por toda columna vertebral terminando debajo de la cabeza con una punzada profunda.

Dicha situación tiene su origen en mi tierna infancia, a principios del 90, en esa época y caracterizándome por ser quisquillosa (más de lo que soy actualmente) me obsequiaron un vestido rosado que en la parte delantera tenía un sobre pecho; en él, había dibujado una figura de una niña con la expresión nena. No recuerdo el momento exacto en que lo empecé a odiar, pero si, lo mucho que me molestaban mis primos cada vez que usaba ese vestido.

- NENA!!!, umm pero que, si me refiero a lo que dice el vestido

- Va pasando la NENA, no es a usted es al vestido.

Y como todo vestidito rosadito lindo, solían ponérmelo seguido para ir a visitar a la familia, por detalles como esos me alegro con toda la profundidad de mi alma que los niños de hoy en día gocen del derecho de elegir que usar y cuando usarlo.

Dicha historia se repitió, una y otra y otra vez. Algo parecido al traumático momento cuando los dientes de leche empiezan a caerse, (seee ven el escozor que produce?). Al final de cada tarde con ese vestido, terminaba en una esquina de la casa hecha un mar de lagrimas con la promesa de no volver a visitar a la tía (cosa que nunca ocurrió) y regañada por mi mamá por pelear con mis primos, puesto que tanto sirili sobre el asunto, terminaba por sacar el sayayin que llevo dentro, haciendo la patalela de – No me molessteeee e irme a golpearlos – aunque esta actitud no es aceptable, imaginen el nivel de desesperación alcanzado.

Afortunadamente, un día crecí y el vestido, como gran parte de mis cosas de infancia tuvo un final feliz, donaciones para los desplazados, quedó en manos de una niña que si lo quería, a esta fecha, creo que solo queda el recuerdo de lo que fue y el problema que tan famoso diseño, sumado al hobbie de mis primos, causo en mi.

Como todos los traumas, este tiene un tratamiento similar, reconocerlo, aceptarlo, asumirlo y tratar de superarlo. Podría decir que con este escrito espero cumplir con las tres primeras, sin embargo intentar superarlo va resultar más complejo, aún más cuando se cuenta con EL AMIGO que indiscriminadamente hace uso del término, aún sabiendo lo mucho que me molesta, peeerooo, amigos son amigos, se les acepta con sus virtudes y defectos, sus razones tendrá, podría pensar partiendo del principio de la buena Fe, que simplemente me está ayudando mediante una terapia de Shock; mmm si claro eso solo me lo creo yo, con el único fin de tratar de defenderlo. Mientras, continuaré en mi intento por adaptarme a escuchar tan común, pero para mí, desesperante palabra.

No siendo más el motivo de la presente, hasta una nueva oportunidad