Sufro de ese mal desde que tengo uso de razón y conciencia, mis rodillas siempre permanecían con las dolorosas costras que caracteriza a un niño que aterriza con frecuencia. Hoy en día es normal que un morado acompañe mis piernas. Tropiezo con todo lo que se me atraviesa, aunque haga la tarea de calcular el espacio necesario para pasar, siempre rozare con la columna, chocaré con el marco, en fin. Al igual que las indirectas, no cojo nada que me lancen, soy pésima jugadora de voleyball, tanto así que en una reunión de ex compañeros de colegio, celebraron cuando por fin logré que el balón saliera en linea recta y pasara la malla, particularmente había perdido la esperanza de vivir para ver ese día. Fue tanto el asombro que mis compañeros no respondieron el saque, dándoles el único punto de mi parte al equipo, por que cuando quise repetir la hazaña, el balón tomo su curso tradicional con tendencia a la izquierda.
El principal problema radica en mis articulaciones, a veces pareciera que tomaran vida propia, suele suceder que luego de sentir un "tac", acto seguido aunque la orden sea izquierda, ella entienda derecha, si le digo al pie "paso firme", se vuelve gelatina y al piso voy a dar. He corrido con la suerte de apoyarme en alguien si camina a mi lado, aunque también me ha pasado que lo cojo desprevenido y a falta de una caída, son dos los que terminamos en el suelo.
Dado a esta circunstancia, me intimida cuando siento la presión de las miradas, cuando debo hablar en publico, me cercioro de recorrer el espacio por el cual me moveré que este libre hendiduras, pequeños abultamientos en el tapete en fin, mas que ensayar de lo que voy a hablar me aseguro que el área este libre de posibles daños, enredar un cable, llevarme por delante el vídeo beam, o el pc, son posibilidades contempladas. Afortunadamente no he vivido el momento en que mi miedo se transforme en realidad.
Otro momento critico, es cuando debo enfrentarme a unas escaleras, jamás las bajo de manera continua, las unicas que bajaba las de mi casa en villavicencio, (que hoy ya no existen), después de 16 años habia desarrollado la capacidad de subirlas corriendo hasta de dos en dos. En cualquier otra parte, siempre descenderá un pie justo detrás del otro, pegándome a la baranda o en su defecto a la pared, si debo subir o peor aun bajar algo que me impida sostenerme de la pared, el tiempo sera el doble, si la cosa es compleja optare por el método tradicional de sentarme y bajarlas cual niño aprendiendo a caminar. A veces cuando voy acompañada, suelo acudir a un brazo o un hombro caritativo que me ayude a descender, sin embargo, sea cual fuese el tema de conversación y por mas interesante que esté, lo suspendo y guardo silencio, en mi mente solo existe espacio para la frase, "no te caigas, yo confió en ti, despacio no importa, lo importante es no caer". Aunque debo reconocerlo, este ha sido un buen método para romper el hielo con mis compañeros de trabajo, creo que muchos hasta ahora entenderán por que una persona de mi carácter frió, suele ponerse tan confianzuda en un lugar como esos, dependiendo de la escalera, puedo llegar hasta dar apretón de brazo.
Sin embargo las escaleras de los cines son realmente el coco principal. Subiendo y en especial cuando llevo algo en las manos, siento que tropezare quedando encima de las palomitas, y ni que decir de la salida, mis manos sudan tan solo con imaginar que puedo resbalar y haga; cual lance de bolos en plena pista, llevándome a varias personas por delante.
Otro lugar que constituye una tortura interminable es la mesa, en especial la ajena, es un real sufrimiento para mi, ya me di cuenta que es una tendencia que entre mas perfecta y decorada con detalles de fina coquetería, mas grande sera el desastre que realizare, mis manos golpean el vaso que contiene la bebida, o un bocado no llega a su destino final suicidándose en el camino y de paso manchando mi blusa, en especial cuando el alimento contienen salsa.
Tal como lo siguieren los fabricantes de los Pc, mantengo mi vaso de agua lejos de el, en la esquina opuesta de mi escritorio, aunque ello no ha evitado que me vea cual malabarista levantando el equipo y una serie de papeles que siempre son importantes e irreemplazables, es como si mis manos dijeran "¡¡¡ Observen hay papeles importantes, trompiquemos el vaso!!!!".
He llegado a pensar que el tema se puede deber a cuestiones genéticas, mi hermana y yo estamos en el nivel senior, pobres brazos de mi cuñado favorito, cuantas cicatrices llevan esos pobres brazos todo por no dejarla caer. Recuerdo un relato universitario en el bloque que le llaman Leonado Da Vinci, (quienes estudiaron en la Unillanos sede Barcelona lo entenderán mejor), salón de clases con docente en el, mi hermana haciendo su ingreso por el corredor de ventanal grande. "Ahora la Ven, ahora no la Ven", desde ese entonces jamas pasó desapercibida por ese docente, es la hora que aun la recuerda por la niña que desaparece de la nada, resultado de la operación rodilla raspada.
A mi me paso una similar pero en la Sede San Antonio en la cancha de basquet ball, para no interrumpir la clase salí a contestar una llamada, y mientras charlaba sentía que me llamaban, en efecto mis compañeras trataban de avisarme que el docente haría un quiz, así que emprendí corriendo mi regreso al aula, con tal mala suerte que mi pie se dobló y caí deslizando mi brazo en el pavimento, acto seguido como es habitual me paré y seguí como si nada, sin embargo la característica mancha roja producto de la herida habría de delatarme. La pena que medio salón se enterará de lo que me había pasado era mas fuerte que el dolor que sentía, aunque para finalizar la carrera ya sabían que era habitual que trompicara en todo lado.
También he llegado a considerar que lo mio es contagioso, aunque no suelo preguntar creo que mis amigos empiezan a caerse mas a menudo después que empiezan a relacionarse con migo. Una vez le sucedió a una amiga, la cual en plena esquina de plaza principal, tropezó, para fortuna de ella quedo sentada; en cuestión de segundos le pedí a mi otra compañera que nos sentáramos junto a ella, así que quedo como un trió de (¿locas?) señoritas sentadas en plena hora pico, al asombro de los transeúntes, que no entendían que hacíamos allí, algunos sospecharían el trasfondo, pero finalmente podíamos acogernos al beneficio de la duda. Otra evidencia lo constituye este twitter publicado por @nanabermudez, esas son las nefastas consecuencias de relacionarse con migo
Recuerdo un día en que de paseo, al ingresar al restaurante les advertí de un palo que estaba justo debajo del letrero que indicaba el nombre de la establecimiento, por que en una ocasión anterior me había golpeado con el, sin embargo acto seguido del advertencia, probé nuevamente mi capacidad para resistir impactos en mi cabeza por que de una manera absurda volví a caer en el.
En ocasiones pasan días en los que no sé que es caer, tropezarme o siquiera trastabillar, entonces mi temor se acrecenta, por que cada día que pase, el golpe será mas duro; esto es inevitable, y aunque no siempre involucra sangre; si pueden causar esos muy visibles morados, dignos de ser prueba de maltrato intrafamiliar, (Si en varias ocasiones he visto como me mira la gente con pesar), soy otra victima de la violencia intrafamiliar, claro que el acusado es el mismo defendido
Y si mi capacidad innata para caerme no fuera suficiente, también tengo la habilidad para ponerme trampas y buscarle males al cuerpo, soy fan numero uno de hágalo usted mismo, y en especial en mi cuarto, me encanta hacer nuevos diseños de estantes, amarradejos, colgantes, el problema radica en que al tercer día un estruendo a media noche me despierta, dejando mi corazón a mil por hora, algunos de mis nuevos diseños se han derrumbado.
También están mis ideas creativas, alguna vez me pareció fenomenal retirarle el exceso de pelo a mi gata con la aspiradora, pese al resultado, la idea no me parece descabellada, (solo que no programe los recursos adecuados al no contar con un colaborador), como resultado dure mas de 15 días con la evidencia clara que ella no estuvo de acuerdo con la idea.
Hoy, ad portas de alcanzar la edad de Cristo, he aprendido a vivir con ello, mi calzado se caracteriza por tener siempre la punta raspada, así mismo he corrido con la fortuna que en mis trabajos no me exigen tacón alto, así que esto me ayuda bastante, aunque no mitiga el riesgo, sin embargo, ya hoy, al volverse algo rutinario en mi, me caigo y me levanto con tranquilidad, riéndome de mi, como todo lo que debe ser en la vida
Me gustaría grabarme, se que me divertiría mucho viéndome desde otra perspectiva.
