Hace poco, en la víspera de mi
vigésimo sexto cumpleaños, una de mis siempre oportunas vecinas me preguntó, ¿y
el matri para cuando?, sorprendida le respondí, - Noo, si yo estoy en la flor
de mi juventud, y sonreí. Sin embargo ella reitero diciendo, pero ya tienes veintiséis,
fue entonces cuando comprendí el trasfondo de la pregunta. En realidad el fin
de aquella conversación era alertarme sobre la cercanía con la temerosa barrera
30.
La barrera de los 30, es una
particular tradición, la cual cita que la mujer debe procurar “conseguir marido
y organizarse” antes de cumplir tan aterradora edad, desde luego que ahora comprendía
la preocupación de mi vecina, cuatro años es poco tiempo para terminar de
cumplir mis planes como soltera y encontrar el afortunado (¿afortunado?) hombre que me acompañara el resto de mi vida.
Aquella preocupación no había
sido contemplada hasta entonces. Me detuve a pensar en el porqué de aquella
tradición, concebida desde tiempos inmemorables, y actualizada, décadas atrás. Sin profundizar en mis investigaciones y
basándome en los conocimientos de historia recibidos por mis maestros, es
evidente que el papel de la mujer ha tenido un cambio drástico. Arboles
genealógicos iniciaban con bodas a los escasos 18 años, e inclusive menos, con
numerosos hijos de los cuales había que estar pendiente, sea este el momento
oportuno para reconocer el arduo trabajo de aquellas abuelas y bisabuelas; yo
tengo un único sobrino que por si solo me saca canas verdes, no imagino como
debería ser la responsabilidad de tener a cargo la crianza de aquellas
numerosas familias.
Sin embargo, años más adelante,
la mujer pudo participar de la educación formal, tal como lo hacían los
hombres, llegando inclusive a ser profesionales. Pero aun así, seguía la
tradición que una vez celebrada las nupcias (o cualquier otra forma de
formalización de hogar), la mujer tomara la batuta de las labores hogareñas
mientras el hombre lidiaba con el tema de conseguir los recursos económicos (en
la mayoría de los casos).
Pero, en el interior de esos
hogares se formó un nuevo grupo de mujeres que vendrían a tratar de cambiar esa
historia. Así como Andrés López cita la generación de la Guayaba como esa
generación que se sacrifico por el cambio, creo que esta sucediendo algo
similar con nosotras. Nos encontramos en un punto intermedio donde se nos ha inculcado un
interés por la formación académica y productiva
- por que mija, usted debe aprender a defenderse sola-, en ocasiones las
importantes lecciones de como ser una buena ama de casa, aprender el importante
arte de cocinar, planchar, hacer la cama adecuadamente, han tenido que se acortadas, para que podamos
cumplir con nuestros deberes académicos y laborales; todo por demostrar que ser
mujeres no demerita la calidad de nuestro trabajo, aquí me permito de nuevo
hacer un alto, ponerme de pie y aplaudir
a aquellas mujeres que se forjan caminos en los terrenos de hombres. Soy fiel
testigo de uno de ellos, muchos de los docentes de mi hermana le sugirieron
retirar sus aspiraciones de ser ingeniera, solo porque según ellos “esa no era carrera de mujeres”, sin embargo,
no desalentó y está próxima a hacer su sueño realidad.
Las exigencias de nuestro entorno
nos han obligado a establecer y priorizar otras metas, por encima del
matrimonio mismo, si nos matamos el lomo estudiando o trabajando-estudiando,
merecemos darnos esas palmaditas en la espalda que nos llenen de animo, es así
que además de formar nuestro dote, de lo cual nuestros padres deberían estar
orgullosos; ya no tiene que preocuparse por canjear los marranos o las vacas
por la hija, puesto que esta hija puede venir con casa, apartamento y carro,
también nos esmeramos por viajar, conocer y comprar las cosas que queremos.
Ante esta serie de eventos,
¿consideran posible lograrlos antes de los 30?, difícilmente, en mi caso
particular reducir el cumplimiento de mis metas en un tiempo máximo de 4 años,
es una misión imposible. Y aquí quiero ser clara, muchos dirán pero es que eso
es algo que se puede hacer con la pareja, casarse no es una limitante, a lo que
respondo, bien me alegro por aquellos que lo han logrado y desde lo profundo de
mi corazón les deseo que sea una constante en sus vidas.
Sin embargo, en un alto
porcentaje la realidad es otra, casarse, arrejuntarse, u otra modalidad que
conlleve a habitar el mismo techo con la pareja, implica cambios
trascendentales en nuestras vidas, en muchos casos es el cese del hotel mamá y
el primer choque con la pareja, por un lado ellos, aun siguen acostumbrados al
perfil de esposaquehacetodo, mientras nosotras esperamos el
maridoqueayudepormitad. Señores, lamento decepcionarlos, los quiebres perfectos
en las camisas, el sazón de unos frijoles los miércoles, no hacen parte de nuestras habilidades o
ventajas competitivas, a nosotras nos enviaron con los conocimientos básicos o
manual de supervivencia, no esperen encontrar el clon de sus queridas madres,
si no pasaba antes, ahora es casi que una utopía. Sin contar el hecho que muchos hombres
quieren pan y pedazo debajo del brazo, el ama de casa perfecta con el bonus de
un cheque mensual, ahh que dijeron lotería, pues no, la mayoría de nosotras
esperamos una colaboración en cuanto a las obligaciones del hogar (y no solo es
levantar los pies cuando barremos), recuerden que en hotel mamá nos hacían
todo, como para querer llevar a cuestas solas, la responsabilidad del hogar.
Otra vena sensible, es el tema financiero, obvio que uno no pide
un estado de resultados de la pareja (aunque después de todo no es mala idea),
pero un conyugue endeudado puede ser un mal negocio. Así como se comparte amor,
el casarse obliga a compartir este tipo de responsabilidades, que en algunos
casos nos pueden dejar con saldo rojo. Así que para ello es mejor contar con un
buen colchón para amortiguar esas fugas no previstas de dinero.
Aun con todo ello, a todas nos
llega el momento de establecernos, organizarnos y formar el hermoso hogar que
tuvieron nuestras abuelas a los dieciocho y nuestras madres pasados los veinte,
pero que, con plena certeza sé que no sucederá antes de los Treinta. Así que, querido
lector, lo invito a que en una próxima conversación con una mujer cercana o
pasado los treinta, se evite y nos evite el incomodo momento que precede a la
molesta pregunta (por que en realidad lo es) de: ¿y eso por que no te has
casado? Realmente afánense cuando tengamos 60 años, y aun así considero que no
es tarde para empezar a amar, por favor olviden esa absurda creencia que, tal
como cita la canción de Shakira, “las mujeres se casan siempre antes de 30 sino
vestirán santos aunque así no lo quieran”.
Creo que cada una de nosotras lo haremos cuando llegue el momento y mas importante aún, el hombre oportuno.